jueves, 14 de marzo de 2013

El corazón


Érase una vez un conejo de porcelana amado por una niña. En un viaje a través del océano, el conejo se cayó por la borda de un trasatlántico y fue rescatado por un pescador. Fue enterrado en un vertedero y desenterrado por un perro. Viajó durante mucho tiempo con los vagabundos y trabajó durante poco tiempo de espantapájaros.


Érase una vez un conejo que amó a una niñita y la vio morir.



El conejo bailó por las calles de Memphis. Le rompieron la cabeza en una cafetería y un restaurador de muñecos se la reparó.



Y el conejo juró que nunca más volvería a cometer el error de amar.



Érase una vez un conejo que, en primavera, bailó en un jardín con la hija de la mujer que lo había amado al emprender su viaje. La niña acunaba al conejo mientras bailaba en círculos. A veces iban tan rápido, los dos, que daba la impresión de que volaban. A veces parecía que los dos tenían alas.



Érase una vez, oh maravillosa vez, que un conejo encontró el camino a casa. 





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