domingo, 26 de agosto de 2012

II. Reyes exiliados

-¿Por qué matamos a la vieja?
-Era una vieja apestosa, no valía la pena dejarla viva, hubiera gritado.
-Yo no la conocí, dime tú cómo era.
-No sé, era una apestosa, siempre quejándose, ni siquiera sé qué edad tenía.
-¿Pero cómo era?
-Era molesta... y muy vieja.
-¿Vivía sola, no tenía parientes?
-Que yo sepa, no. Estaba sola en el mundo.
-¿Cómo la mataste?
-Llegamos a su tienda a la hora en que yo empezaba a trabajar, a las siete de la mañana. Tocaste tú el timbre y al poco rato ella nos abrió. Entramos juntos aunque tú permaneciste rezagado, detrás de mí, mientras yo le anunciaba que no iba a trabajar más. Después tu dijiste que nos diera el dinero, que habíamos ido allí a robar. Pareció no comprender, dijo que no tenía nada y entonces yo le dije que no se preocupara y la arrastré a la parte trasera de la tienda, a una habitación que usaba como comedor y le disparé un balazo en el pecho.
-¿Así, sin más, sin decirle nada?
-Me aseguré de que cayera sobre un sillón, el sillón donde a veces se sentaba a tomar un café con leche y un croissant, y que no manchara mis ropas con sangre.
-¿Qué pasó después?
-Saqué de la alacena el dinero del día y te llamé. Tú te demoraste en venir y ni siquiera miraste a la vieja. Faltaban veinte minutos para que llegaran las otras dos empleadas. Tú no parecías nerviosos y después de preguntarme cuánto dinero había te pusiste a registrar el resto de la casa.
-¿No parecía nervioso?
-Comentaste que la casa era demasiado oscura y por último dijiste que era raro que la vieja viviera sola. Entonces te dije que no tenía parientes, que estaba sola en el mundo, y tú dijiste que no te habías referido a eso.
-¿Qué habré querido decir?... No lo sé.
-...
-¿Que sentiste cuando le disparaste?
-Nada. Saqué la pistola del bolso y disparé en medio del pecho. Le había quitado el seguro media hora antes.
-¿No hizo nada cuando vio que ibas a matarla?
-Nada. Me miró. ¿Qué más podía hacer?
-Dos horas más tarde asaltaron el Banco Central. Los asaltantes cogieron rehenes pero no mataron a nadie. Cuando consiguieron romper el cerco de la policía nosotros ya estábamos en el hotel. ¿Qué fuimos a hacer a ese hotel?
-Nada. Eran como una vacaciones cortitas. Quedarnos allí unas horas y pensar.
-¿Pensar en la vieja?
-No, aclarar las ideas, sentirnos descansados.
-¿Nos comportamos como reyes en el hotel?
-Más o menos, como reyes exiliados... como cualquier pareja. 

No hay comentarios: